La
influencia que Falla y Lorca ejercieron para
una radical transformación de la percepción
social del flamenco la presento sucediéndose
en tres tiempos:
Un
tiempo primero de reivindicación nacionalista
y patriótica,
con una música y una palabra jondas
que buscaban el reconocimiento del flamenco
en el “alma nacional”
Un
tiempo de esencialización artística,
por estilización de una España
real en otra universal y atemporal. Falla
en su música, Lorca en su palabra,
mitifican lo cotidiano por alejamiento de
lo real. Y, los dos con La Argentinita, tuvieron
amores brujos…
Un
tiempo de muerte y redención
en el que Federico García Lorca
siguió el impulso dionisíaco
porque estaba marcado por él. Y, como
en los rituales mistéricos, derramando
en Andalucía su sangre, la emborrachó
de su vino; y con su carne la alimentó.
La
omofagia que sacrificó a Lorca estaba
escrita en su propia obra. Lorca creó
Andalucía. No de la nada, pero sí
de materia preexistente que él reordenó
con trascendencia jonda y universal.
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