Me sorprenden las críticas encarnizadas que se realizan a aquellos artistas que crean una obra a partir de una petición o un encargo. Como si eso estuviese en contra del arte, incompatible, y fuese imposible crear algo bueno a partir de un encargo remunerado.
Y es curioso que nos olvidemos de las grandiosas e inmortales obras que la humanidad ha heredado de Miguel Angel, de Rembrandt o de Zurbarán. "Crimen y castigo", una de las novelas más importantes del último milenio, empezó siendo un panfleto para luchar contra el excesivo consumo de alcohol. Otro encargo... Y más ejemplos los tenemos en Larra con sus artículos costumbristas o en Víctor Hugo con la novela "Nuestra señora de París".
Y ahora, parece que el artista que crea algo por encargo es menos artista que el que crea sin saber qué sucederá con su obra, si verá la luz o no... Y yo estoy convencido de que ya es hora de abandonar esa absurda doble moral que nos invade, y que reconozcamos sin complejos que el arte también genera un mercado que mueve una parte nada desdeñable de la economía.
Por un lado criticamos que alguien trabaje por dinero y por otro entendemos y defendemos que un artista cobre más que otro... es decir, que un artista tenga un caché fijo en función del número de sus seguidores.
Todo es mercado, dependiente y derivado de la ley de la oferta y la demanda. Y la doble moral es propia de sociedades retorcidas y opacas, alejadas de la transparencia y la naturalidad. Quizás, debiéramos preguntarnos si existe moral para el arte, y por qué no, si existe arte para la moral ...
Lo que no deja lugar a dudas es que siempre se ha trabajado mejor cuando se conoce a priori que un trabajo será remunerado y cuánto es su valor. Sorprende que el mismo que critica el arte por encargo abomina del "ya te veré" del señorito de otro tiempo, cuando el tiempo es el escenario en el que los señoritos sólo han cambiado de aspecto pero sus expresiones se mantienen.
Defender que un artista trabaje en un nuevo proyecto sin saber si va a cobrar es el "ya te veré" del señorito de otro tiempo. Lo cierto es que en el flamenco la ley de la oferta y la demanda se nos queda corta porque hay más factores que influyen y finalmente, no creo que exista ningún equilibrio.