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Querido amigo :
Al arrancar la hoja de noviembre de nuestro calendario, descubrimos el mes de diciembre, siempre curioso, siempre mágico, siempre enigmático. Y es que el último mes del año suele enfrentar el inicio y el final de un ciclo, la ansiedad de rematar tareas con la ilusión de iniciar nuevos proyectos, el agotamiento con la esperanza, la desgana con la alegría, el fracaso con la proyección. Es un mes para abandonar la dieta y reorganizarnos, sabiendo que el siguiente mes la retomaremos con más severidad. En defionitiva, un mes para la reflexión y los buenos deseos.
En cambio, este mes de diciembre es extraño porque el manto de la crisis económica lo oscurece todo. El anuncio generalizado de que el presupuesto para cultura en el 2009 se recortará en más de un 30% inquieta a programadores, productores y artistas. La pregunta es a quién le tocará ... Si se optará por la rebaja proporcional o simplemente se prescindirá de los artistas que no llenen teatros ...
En tiempos de crisis, el instinto de conservación de muchas empresas y organismos les lleva a reducir considerablemente dos partidas: la cultura, para la que sólo hay sensibilidad cuando el estómago está lleno, y el marketing, que siempre supone un gasto y su valor es difícilmente cuantificable.
Lo cierto es que cualquier espectáculo puede ser un éxito de asistencia con una campaña de marketing apropiada. En este sentido, la falta de imaginación nos absorbe. Yo no creo que la clave esté en reinventar el flamenco, sino en saber cómo venderlo. Ha llegado el momento de vestir de gala el arte flamenco y eso es una labor de equipo.
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